Las 7 curiosidades de Joan Miró que no conocías
¿Sabías que Joan Miró conoció a Pablo Picasso gracias a una ensaimada? ¿O que Hemingway compró un cuadro de Miró apostando a los dados? Vas a descubrir curiosidades de Miró que seguro no conocías. Continúa leyendo y sabrás por qué usaba el hambre para inspirarse.
Gracias a Aletheia Subastas nos ha picado la curiosidad por indagar más allá de la vida de Joan Miró. El día 19 de julio se realiza una subasta bajo el nombre: “Arte, Antigüedades y Joyas. Especial Maestros Modernos” y entre todo su catálogo hemos encontrado obras del artista catalán que se subastarán.
Aquí tienes el enlace para descargarte todo el catálogo. Las obrad de Joan Miró se identifican con los lotes 217, 221 y 223. AQUÍ Se puede acceder a la subasta de forma presencial pero también virtual a través de las plataformas. AQUÍ



Las 7 curiosidades de Joan Miró
Su vocación se debe gracias a unas fiebres tifoideas
A pesar de nacer en una familia de artesanos, su padre era orfebre y sus abuelos herreros y ebanistas, no quisieron que Miró fuera artista. Por eso estudió «Comercio» y trabajaba como empleado en una droguería pero gracias a unas fiebres tifoideas, tuvo que retirarse a una masía de la familia para respirar aire saludable y allí comenzó a pintar y a gestar su primera gran obra.

Compartió con Hemingway la afición al boxeo
Hemingway y Miró tuvieron varios encuentros, mantuvieron una cordial relación epistolar y compartieron la afición al boxeo, bastante popular por entonces en ciertos círculos intelectuales.
Ernest Hemingway fue uno de sus admiradores
De hecho, fue Hemingway quien compró una de sus obras “La masía”. El lienzo lo adquirió de una forma poco ortodoxa, jugándose la pintura a los dados con su amigo el poeta Evan Shipman. Hemingway ganó la apuesta y ambos embarcaron a un tercer escritor estadounidense, John Dos Passos, para iniciar una recolecta de fondos que completara el importe. Actualmente la obra se encuentra en la National Gallery of Art de Washington.
Miró quería “asesinar la pintura”
En cierto momento, Miró manifestó su voluntad de “asesinar la pintura”. En realidad, pretendía desprenderse de la idea clásica de pintura e ir más allá de la pintura de caballete. Experimentar con nuevos materiales, soportes y técnicas. Alguna vez llevó el lema a la práctica de manera casi literal: como cuando finalizaba algunos de cuadros quemando la tela con gasolina, cuando intervenía con sus trazos otras pinturas kitsch preexistentes, o cuando rajaba sus propios lienzos con un cuchillo.
El arte estaba en decadencia desde Altamira
Encontró el arma homicida ideal en las pinturas rupestres. Tanto, que llegó a asegurar que “el arte lleva en decadencia desde Altamira”. Tras visitarlas en la década de los cincuenta, comenzó a trabajar con objetos abandonados, cerámicas y nuevos formatos. De ahí salieron, por ejemplo, la fachada de la T2 del aeropuerto de El Prat y el icónico Mosaico de La Rambla.

Utilizaba el hambre para alcanzar la inspiración
Al principio, Joan Miró pasó muchas penurias. Sabía que su familia no veía bien que se trasladara a París para convertirse en artista, así que se negó a pedir ayuda económica. Cada vez que tenía hambre, pintaba. No para poder pagarse la comida, que también pero lo más extravagante era porque aseguraba que las alucinaciones que le provocaban las ganas de comer le hacían explorar nuevos mundos.
La amistad de Picasso y Miró nació por una ensaimada
Los dos genios se conocieron en París, en el año 1920, cuando Miró le llevó una ensaimada a Picasso y a partir de ahí se hicieron grandes amigos.
La gran diferencia entre ambos genios era su personalidad. Picasso era más bohemio, extrovertido, fugaz y Miró mucho más tímido, introvertido y silencioso. En cuanto a su pintura, Picasso era un gran artista del virtuosismo de gran precisión. Y Miró era un pintor con dificultad para trazar la línea, pero sin embargo era capaz de evocar mundos oníricos con gran libertad de vocación.

También puede interesarte:

