Entrevista a Xavi Cañellas: psiconeuroinmunólogo y referente en salud integrativa
Xavi Cañellas es uno de los divulgadores más reconocidos en el ámbito de la salud integrativa y la psiconeuroinmunología en español. A través de su trabajo como profesional y comunicador, conecta ciencia, cuerpo y emoción para ayudarnos a comprender cómo nuestros hábitos, el estrés y el estilo de vida influyen directamente en la salud. Con un enfoque riguroso y accesible, Xavi invita a replantear la manera en que entendemos la prevención, la enfermedad y el autocuidado, poniendo el foco en la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.
Desde VIP Style Magazine, hemos tenido el placer de conversar con Xavi Cañellas sobre salud, equilibrio y consciencia. Una charla en la que abordamos cómo pequeños cambios en nuestros hábitos pueden transformar la manera en que vivimos, sentimos y cuidamos nuestro bienestar.
P: Xavi, la psiconeuroinmunología sigue siendo un concepto desconocido para muchas personas. ¿Cómo explicarías de forma sencilla qué es y por qué resulta especialmente relevante en el contexto de vida actual?
R: La Psiconeuroinmunología Clínica (PNI) es una disciplina científica que estudia cómo se comunican y se interrelacionan profundamente los sistemas fundamentales que regulan nuestra salud: el sistema nervioso, el sistema inmunitario, el sistema endocrino (hormonal) y nuestros procesos emocionales.
Tradicionalmente, la medicina ha abordado cada sistema por separado: el médico trata el síntoma o la enfermedad concreta, el inmunólogo se centra en las defensas, el endocrinólogo en las hormonas y el psicólogo en los procesos mentales. Sin embargo, el cuerpo no funciona por departamentos, funciona como una red, y la investigación en PNI demuestra que ninguno de estos sistemas funciona aisladamente. Todos están en comunicación constante como parte de una red biológica integrada: neurotransmisores, hormonas y señales inmunitarias intercambian información continuamente entre la mente y el cuerpo.
Esto significa que lo que pensamos, sentimos y cómo vivimos impacta directamente en la fisiología de nuestro organismo y, a la inversa, cambios biológicos pueden afectar nuestro estado mental y emocional.
“El cuerpo no funciona por departamentos, funciona como una red.”— Xavi Cañellas.
¿Por qué es tan importante hoy? Vivimos en un contexto actual caracterizado por: estrés crónico y ritmos de vida acelerados, ata prevalencia de enfermedades inflamatorias y metabólicas, desequilibrios hormonales relacionados con el estilo de vida, la exposición crónica a tóxicos ambientales y disruptores endocrinos (plásticos, cosmética, pesticidas, contaminantes del aire), que interfieren en la señalización hormonal y en la capacidad de autorregulación del organismo; frecuentes síntomas de fatiga, ansiedad o somatización y desregulación inmunitaria. La PNI no solo explica por qué estos fenómenos ocurren, sino que proporciona un marco para entender su origen real. Este enfoque permite restaurar la capacidad de autorregulación del organismo. Más allá de aliviar síntomas de forma aislada, se estudian los mecanismos biológicos que los provocan y cómo tu historia vital, estilo de vida, estrés y genética influyen en tu biología. Esto la convierte en una herramienta clave no solo para enfermedades crónicas, sino también para promover bienestar, adaptación y prevención, especialmente en un entorno donde el estrés, el estilo de vida y los desequilibrios inflamatorios son tan frecuentes.

P: Tu trabajo conecta cuerpo, mente y sistema inmunológico. ¿Qué te llevó a especializarte en este enfoque integrativo y a apostar por la divulgación como parte esencial de tu profesión?
R: Lo que me llevó a especializarme en un enfoque integrativo fue, sobre todo, darme cuenta de que no se tiene en cuenta toda la historia de la persona en el síntoma. Durante años de formación y práctica clínica vi cómo muchas personas hacían “de todo” pasando por miles de terapias y aun así no mejoraban de forma sostenida. Ahí entendí que el cuerpo responde proporcionalmente a la vida que está viviendo.
Este enfoque me ofreció un marco que encajaba con algo que ya intuía desde el inicio: que mente, sistema nervioso y emociones, sistema inmunológico, hormonas y entorno están relacionados, y que no se pueden abordar por separado sin perder información esencial. Se trata de integrar la mirada para entender cómo una historia de estrés, de exigencia, de desconexión o de adaptación prolongada acaba expresándose en el cuerpo.
“El cuerpo casi nunca enferma de un día para otro. Antes avisa, muchas veces de forma sutil, pero hemos aprendido a normalizar esas señales o a silenciarlas para poder seguir funcionando.”— Xavi Cañellas.
La divulgación es una de mis grandes pasiones. Siempre he sentido la necesidad de compartir conocimiento para que las personas puedan decidir con libertad, con criterio y sin miedo. Entiendo la información como una herramienta de autonomía, no como una imposición ni como una verdad única.
Surgió de forma muy natural cuando empecé a impartir formaciones y cursos para profesionales de la salud de distintas disciplinas. Ahí me di cuenta de algo importante: si ese conocimiento era valioso para quien acompaña a otros, también lo es para cualquier persona. La salud no debería ser un privilegio reservado a unos pocos, y por eso sigo en constante actualización, estudiando y revisando la evidencia para poder transmitirla de forma rigurosa y comprensible.

Vivimos en una época de exceso de información, de mensajes contradictorios y de ruido constante. Por eso, para mí, divulgar es ayudar a no perdernos. Y eso pasa también por aprender a escuchar al cuerpo: qué nos suma, qué nos resta, qué nos aporta calma, qué nos genera tensión. La biología siempre da señales, aunque a veces no sepamos interpretarlas.
Procuro divulgar sin alarmismo, con respeto y con sentido. Mi objetivo no es asustar, sino elevar consciencia, abrir preguntas y ofrecer herramientas para que cada persona pueda construir una relación más coherente y amable con su cuerpo y su salud.
«La salud no es sólo biología: es también historia personal, emociones, contexto y forma de vivir. En el fondo, la salud es biografía hecha fisiología.”— Xavi Cañellas.
P: A menudo hablas de que el cuerpo “avisa” antes de enfermar. ¿Qué señales solemos normalizar o ignorar y que podrían prevenir desequilibrios más profundos si les prestáramos atención a tiempo?
R: El cuerpo casi nunca enferma de un día para otro. Antes avisa, muchas veces de forma sutil, y el problema es que hemos aprendido a normalizar esas señales o a silenciarlas para poder seguir funcionando.
Algunas de las más frecuentes son el cansancio persistente, la sensación de no descansar, aunque durmamos, los problemas digestivos leves pero constantes
(hinchazón, pesadez, cambios en el ritmo intestinal), las alteraciones del sueño, la dificultad para concentrarse, la irritabilidad o la sensación de estar siempre en alerta. También los desajustes hormonales que se expresan como ciclos irregulares, infertilidad…
Estos síntomas desde una mirada integrativa, son señales de adaptación prolongada: el cuerpo intentando sostener un ritmo, una carga emocional o un entorno para el que no está preparado de forma indefinida.
El cuerpo nos avisa para protegernos.
Si lo escucháramos antes, muchas veces no haría falta llegar a un diagnóstico más complejo. Y ojo que tampoco estoy diciendo que tengamos que obsesionarnos, pero sí recuperar una conexión con nosotros mismos, ¡vivimos desconectados de lo importante!
P: En tu contenido abordas mucho la idea de inflamación crónica. ¿Por qué se ha convertido en uno de los grandes problemas de salud silenciosos de nuestra era?
R: La inflamación crónica se ha convertido en uno de los grandes problemas de salud de nuestra era y hoy sabemos que es la base de la mayoría de enfermedades actuales. No suele ser la causa única, pero sí el terreno común sobre el que se desarrollan muchas patologías.
Hace ya algunos años, la revista Times lo expresó de forma muy gráfica en una de sus portadas: “Hemos encontrado al enemigo”. Ese enemigo silencioso que conecta enfermedades neurodegenerativas, cáncer, patologías cardiovasculares, metabólicas o autoinmunes no es otro que la inflamación crónica de bajo grado.
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El problema es que no hablamos de una inflamación aguda, puntual y necesaria (esa que nos protege cuando hay una infección o una lesión), sino de una activación mantenida del sistema inmunitario en el tiempo. Una inflamación que no duele de forma evidente, que no siempre da síntomas claros al inicio, pero que va desgastando los tejidos y alterando la fisiología poco a poco.
Hoy sabemos que muchos de los hábitos y conductas que hemos normalizado estimulan constantemente al sistema inmunitario: el estrés crónico, la falta de descanso, el sedentarismo o el exceso de ejercicio mal gestionado, la exposición a tóxicos y disruptores endocrinos, una alimentación pobre en nutrientes y rica en productos ultraprocesados, la desconexión de los ritmos naturales o la sobreestimulación constante.
El cuerpo no está diseñado para vivir permanentemente en modo alerta. Cuando ese estado se mantiene en el tiempo, la inflamación deja de ser una respuesta adaptativa y se convierte en un marco biológico de fondo que favorece el desarrollo de enfermedad.
P: Xavi, hablas de hábitos, pero también de coherencia corporal y emocional. ¿Por dónde debería empezar alguien que quiere mejorar su salud sin caer en el control excesivo o la obsesión?
R: Creo que el punto de partida siempre es volver a la escucha. A conectarnos con nosotros mismos y a recuperar la capacidad de preguntarnos qué necesitamos de verdad en cada momento. Ser los primeros en observarnos. La coherencia empieza ahí, no en una lista de hábitos perfectos.
Muchas veces buscamos cambios complejos cuando lo básico ya está fallando: tomar el sol un rato cada día, salir de casa, dejar de vivir 24/7 delante de las pantallas, cuidar el entorno en el que pasamos la mayor parte del tiempo. Suena a tópico, pero también es salud rodearse de personas que no drenen nuestra energía y alimentar nuestros vínculos.
“La divulgación no busca que nadie se autodiagnostique, sino ofrecer comprensión, contexto y mejores preguntas para entender la salud”.— Xavi Cañellas.
Lo mismo ocurre con la alimentación: comer alimentos de verdad, sin necesidad de hacerlo perfecto. Todo esto puede parecer mucho, pero en realidad son gestos muy básicos, profundamente humanos, que el cuerpo reconoce como seguridad.
Y aquí es importante decirlo claro: el control excesivo no es salud. Dejar un margen para fluir también forma parte del equilibrio. Un 20% para salirte de la norma, para comerte una pizza algún día, para improvisar, no es el problema. El problema aparece cuando, día tras día, vivimos desconectados del cuerpo, del entorno y de nosotros mismos, intentando compensarlo luego con control.
P: El estrés ya no es algo puntual, sino casi estructural. ¿Cómo afecta el ritmo de vida moderno a nuestro sistema nervioso y, en consecuencia, a la inmunidad y la inflamación?
R: El estrés, tal y como lo vivimos hoy, ya no es una respuesta puntual ante un peligro real, sino un estado de fondo. Nuestro sistema nervioso está diseñado para activarse y luego volver a la calma, pero el ritmo de vida moderno nos mantiene en una activación casi constante: prisas, hiperconectividad, exigencia, falta de descanso real, estímulos continuos, creencias.

Cuando el sistema nervioso permanece demasiado tiempo en modo alerta, el cuerpo interpreta que no es seguro bajar la guardia. Esto tiene consecuencias claras a nivel biológico. A corto plazo, el estrés activa mecanismos adaptativos que nos permiten responder, pero cuando se cronifica, desregula los ejes que conectan cerebro, sistema hormonal e inmunitario.
Desde ahí, el sistema inmunitario deja de responder de forma flexible y empieza a mantenerse activado incluso cuando no hay una amenaza real. Esa activación sostenida es uno de los caminos más directos hacia la inflamación crónica de bajo grado. No es que el sistema inmunitario falle, es que está intentando proteger en un contexto que no se lo permite. Además, el estrés crónico afecta a procesos básicos como el sueño, la digestión o la capacidad de recuperación. Y cuando esas funciones se alteran, el organismo pierde capacidad de regulación. El resultado no suele ser una enfermedad inmediata, sino una pérdida progresiva de resiliencia.
Por eso hoy no basta con “gestionar el estrés” como una tarea más. Necesitamos revisar el contexto en el que vivimos: cómo descansamos, cómo nos alimentamos, ¿nos movemos?, cómo trabajamos, cómo nos relacionamos y qué espacio dejamos para la calma. El sistema nervioso es la puerta de entrada de la salud. Si no encuentra momentos reales de seguridad, el cuerpo acaba expresándolo en forma de inflamación y desequilibrio.
P: En redes sociales vemos consejos de salud constantes, muchas veces contradictorios. ¿Qué criterios básicos debería tener una persona para diferenciar divulgación rigurosa de desinformación?
R: Creo que el primer criterio es cómo te hace sentir la información. La divulgación rigurosa no genera miedo ni urgencia constante, no te coloca en la sensación de que “si no haces esto ya, estás en peligro”. Cuando un mensaje activa ansiedad, culpa o sensación de amenaza permanente, conviene pararse y dudar.

Otro punto clave es el contexto. La buena divulgación explica, no simplifica en exceso ni promete soluciones universales. Desconfío de los mensajes que sirven para todo el mundo, en cualquier momento y en cualquier situación. La biología humana es adaptable, pero también profundamente individual.
También es importante fijarse en desde dónde se comunica. Quien divulga con rigor suele reconocer los límites del conocimiento, explica procesos más que resultados y no necesita posicionarse desde la confrontación o el ataque a otros profesionales.
Vivimos una época de infoxicación, y por eso quizá el criterio más importante es volver al cuerpo. Observar si lo que lees te suma claridad, calma y coherencia, o si te desconecta de ti y te empuja al control excesivo.Y, por último, recordar algo fundamental: más información no siempre es más salud. A veces, saber cuándo parar de consumir contenido y empezar a escuchar lo que uno necesita es el acto más sensato y más riguroso que podemos hacer hoy.
P: Desde una visión integrativa, ¿qué papel juegan la alimentación, el descanso y el movimiento cuando el sistema nervioso está desregulado?
¿Tiene sentido “hacerlo todo bien” si el cuerpo vive en alerta constante?
R: Desde una visión integrativa, la alimentación, el descanso y el movimiento no son sólo hábitos saludables aislados, son señales directas de seguridad para el sistema nervioso. Cuando el sistema nervioso está desregulado, el cuerpo vive en alerta y cualquier estímulo se interpreta como una posible amenaza. En ese contexto, estos tres pilares ayudan a bajar el volumen del ruido interno y a devolverle al organismo información de estabilidad y previsibilidad.
“Cuando cuidamos la alimentación, el descanso y el movimiento con coherencia, el cuerpo empieza a recibir señales de seguridad. Y eso, poco a poco, reduce el estado de alerta.”— Xavi Cañellas.
La alimentación aporta mucho más que nutrientes: si lo que ingiero aporta una información acorde con nuestra fisiología o, por el contrario, genera una señal de alarma. El descanso es el momento en el que el sistema nervioso puede recalibrarse y el sistema inmunitario reorganizarse. Y el movimiento, cuando es coherente y no vivido como exigencia, actúa como una vía natural de regulación emocional y fisiológica.
Y aquí es importante aclarar algo: sí, claro que tiene sentido “hacerlo todo bien”, incluso cuando el cuerpo está en alerta constante. De hecho, cuando las personas empiezan a cuidar de forma consistente estos pilares, los resultados suelen ser muy potentes. No porque estén persiguiendo la perfección, sino porque el cuerpo empieza a recibir, por primera vez en mucho tiempo, señales repetidas de cuidado, coherencia y seguridad. Y eso, poco a poco, reduce la alerta.

El problema está en cuando los hábitos se convierten en una imposición rígida, porque ahí el mensaje que recibe el sistema nervioso sigue siendo de amenaza. En cambio, cuando se sostienen desde la constancia y el respeto al momento vital, el cuerpo responde bajando defensas.
Cuidarse bien es una de las formas más eficaces de regular el sistema nervioso cuando se hace con sentido, flexibilidad y coherencia.
P: A menudo buscamos soluciones rápidas y protocolos cerrados. ¿Por qué crees que nos cuesta tanto sostener cambios de salud a largo plazo?
R: Nos cuesta sostener cambios de salud a largo plazo porque, en general, solo activamos de verdad la constancia cuando aparece una amenaza clara. Es una lástima, pero suele ser así: cuando llega una enfermedad grave, cuando el cuerpo nos confronta con un límite real, ahí sí percibimos peligro, nos ponemos las pilas y somos capaces de mantener cambios de forma sostenida en el tiempo.

P: En tu discurso aparece con frecuencia la idea de responsabilidad sin culpa. ¿Cómo podemos hacernos cargo de nuestra salud sin caer en la autoexigencia o el juicio constante?
R: Para mí, la responsabilidad no tiene que ver con la culpa, sino con hacernos cargo. Somos adultos, tenemos una vida y unas circunstancias, y la salud forma parte de eso. Hacernos cargo implica reconocer dónde estamos y actuar en coherencia con las decisiones que tomamos, sin buscar culpables externos, pero tampoco negando nuestra parte.
“El control excesivo no es salud. Dejar un margen para fluir también forma parte del equilibrio.”— Xavi Cañellas.
Creo que es importante decir algo que a veces incomoda: un cierto punto de exigencia no es negativo. Esa autoexigencia bien entendida es la que nos mueve, la que nos motiva a cuidarnos mejor, a aspirar a estar bien, a construir esa “mejor versión de nosotros mismos”. El problema aparece cuando la exigencia se convierte en castigo o en juicio constante. O cuando esa exigencia proviene de alguna creencia o herida que arrastramos.
Responsabilidad sin culpa significa responder a aquello que nos pasa.
Cuando el cuidado nace del respeto y no del miedo, la autoexigencia se transforma en compromiso. Y ese compromiso, lejos de generar tensión, suele traer más calma, más claridad y una relación más sana con la propia salud.
P: Como divulgador en plataformas masivas, ¿sientes una responsabilidad especial a la hora de comunicar sobre salud, síntomas y diagnósticos?
R: No lo llamaría una responsabilidad especial. Para mí, divulgar es algo que me llena profundamente. Me gusta estudiar, leer, formarme de manera constante y, sobre todo,pasar ese conocimiento por la experiencia real, tanto la mía como la de las personas a las que acompaño. Ahí es donde la información cobra sentido.
Algo que tengo muy claro es que no hay dos personas iguales. Por eso, cuando hablamos de salud, síntomas o incluso diagnósticos, para mí es fundamental no generalizar. Un mismo diagnóstico, por ejemplo un SIBO, no se manifiesta ni se acompaña igual en María que en Juan. Cada persona tiene una historia vital distinta, un contexto emocional propio, unos síntomas concretos y una forma única de adaptarse a lo que le ocurre.
“La salud no se entiende desde una etiqueta, sino escuchando la historia completa de la persona.”— Xavi Cañellas.
En relación con los diagnósticos, es verdad que cumplen una función importante. Nuestra mente necesita entender, poner orden. Cuando aparece una etiqueta, el cerebro descansa un poco: “ah, vale, esto es lo que me pasa”. Sin esa información, muchas veces la mente se la inventa. En ese sentido, el diagnóstico puede aliviar.
Pero como profesional, prefiero no quedarme en la etiqueta. El proceso es lo importante. De dónde viene esa persona, qué ha vivido, qué heridas siguen abiertas a nivel emocional, cómo es su día a día, cómo se relaciona con su pareja, con sus hijos, si se siente a gusto en su trabajo, si hay coherencia entre la vida que lleva y la que necesita.
La divulgación, tal como yo la entiendo, no busca que nadie se autodiagnostique ni que se identifique con una enfermedad. Busca ofrecer comprensión, contexto y preguntas mejores. Porque la salud se explica y se entiende escuchando la historia completa de quien la vive.
P: Has conseguido un equilibrio entre rigor científico y cercanía. ¿Cómo traduces conceptos complejos sin simplificarlos en exceso ni generar miedo?
R: En mis formaciones y en el acompañamiento a personas hay algo que se repite mucho, y es que a menudo me dicen que hago fácil lo difícil. Para mí, eso tiene que ver con cómo entiendo la divulgación: divulgar es acercar la información para que pueda ser comprendida y utilizada sin miedo.
El miedo aleja. Cuando comunicamos desde el alarmismo o desde una posición de superioridad, las personas se desconectan o se bloquean. En cambio, cuando tratas a alguien desde el respeto, el cuidado y la empatía, la información deja de ser una amenaza y se convierte en una herramienta.

Procuro explicar conceptos complejos sin perder el rigor, pero siempre desde un lugar humano. Escuchando de verdad. No es raro que, al acabar una sesión, alguien me diga: “es la primera vez que siento que alguien me escucha”. Y eso es clave, porque sentirse escuchado ya regula, ya baja defensas, ya abre espacio para comprender.
Creo que también es importante permitirnos la vulnerabilidad, como profesionales y como personas. Cuando dejamos de hablar desde el miedo y empezamos a atender las necesidades reales del otro, desde una energía de cuidado y de amor por lo que hacemos, el conocimiento se integra mejor.
La cercanía no resta rigor. Al contrario: cuando hay confianza y presencia, la ciencia llega más lejos.
P: Si pudieras eliminar tres mitos muy extendidos sobre la salud y el cuerpo, ¿cuáles serían y por qué?
R: 1- “Hay que eliminar los síntomas”
El gran error es creer que el síntoma es el problema.
El síntoma es información: una respuesta adaptativa del cuerpo a una carga que no ha podido gestionar de otra manera. Dolor, inflamación, ansiedad, insomnio o fatiga no aparecen porque sí; aparecen porque el sistema nervioso, inmune y endocrino están intentando compensar algo.
Eliminar el síntoma sin comprender qué lo sostiene es como apagar una alarma sin mirar si hay fuego. A corto plazo puede aliviar, pero a medio y largo plazo el cuerpo buscará otra vía para expresarse. En consulta, cuando el síntoma se escucha y se contextualiza desde un punto de vista biológico, emocional y relacional, muchas veces empieza a disminuir por sí solo.
2- “Cuerpo y mente van por separado”
Este mito ya no se sostiene científicamente, pero sigue muy arraigado culturalmente. No existe una emoción que no tenga una traducción biológica, ni una alteración biológica que no impacte en cómo pensamos, sentimos y nos vinculamos. El sistema nervioso es el gran integrador: interpreta la realidad y, en función de esa interpretación, regula hormonas, inflamación, digestión, inmunidad y reparación tisular.
La mente no flota por encima del cuerpo, y el cuerpo no es un objeto que se estropea al margen de la historia personal. La salud es biografía hecha fisiología.
3- “Más es mejor”
Más suplementos, más entrenamientos, más protocolos, más control.
Este enfoque suele nacer del miedo y de la prisa por estar bien. Sin embargo, el cuerpo no se regula desde la sobreestimulación, sino desde la calma y la coherencia.
En muchos casos, menos es más: menos estímulos, menos exigencia, menos ruido externo y más capacidad de escucha interna. Cuando bajamos el nivel basal de activación del sistema nervioso, el cuerpo recupera algo esencial: margen de adaptación. Y sin margen, no hay salud posible.
«El agradecimiento genuino saca al cuerpo del modo amenaza y lo acerca, aunque sea por momentos, a un estado de mayor seguridad» — Xavi Cañellas.

P: Para cerrar, si tuvieras que señalar un sólo hábito cotidiano que tendría un impacto profundo en la salud de la mayoría de las personas, ¿cuál sería?
R: Si tuviera que señalar uno, sería aprender a agradecer de forma consciente. No como una actitud ingenua ni como una técnica de pensamiento positivo, sino como un cambio real en el estado del sistema nervioso. El agradecimiento genuino saca al cuerpo del modo amenaza y lo acerca, aunque sea por momentos, a un estado de mayor seguridad. Cuando el cuerpo percibe seguridad, baja el tono simpático, mejora la variabilidad cardíaca, el eje hormonal se regula con mayor eficiencia y la inflamación de bajo grado tiende a disminuir.
Agradecer es también un gesto íntimo de reconciliación con la vida tal y como es. Permite soltar la lucha constante con el presente, aliviar la exigencia interna y descansar del “aún no es suficiente”. Al dirigir la atención hacia lo que sí está, lo que sí sostiene y lo que sí acompaña, el sistema nervioso afloja, la respiración se vuelve más amplia y algo interno se ordena. Y, no porque desaparezcan las dificultades, sino porque el cuerpo deja de sentirse solo frente a la experiencia. Y cuando eso ocurre, la salud deja de vivirse como una batalla y empieza a desplegarse como un proceso.


