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Entrevista a Peter Vives

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Hoy tengo la suerte de disfrutar de una comida con uno de los guapos por excelencia de nuestro panorama interpretativo, aunque sé que él arrugará un poco la frente en señal de desaprobación cuando lo lea. Y es que Peter Vives es mucho más que un actor guapo.

Es un fantástico actor de cine, teatro y televisión que trabaja sus personajes con una meticulosidad extrema y que ahora está recogiendo los frutos de la preparación y el esfuerzo de años. Entró en nuestras casas como el galán en magníficas series como Águila Roja, El tiempo entre costuras o Velvet y le seguiremos teniendo entre nosotros con todos los nuevos proyectos que tiene entre manos. 

Nos encontramos para comer en el restaurante Igueldo, que está donde está gracias al esfuerzo, la maestría y la meticulosidad de su equipo. Igueldo es ya un clásico de la gastronomía barcelonesa. Un referente de la cocina vasca de alto nivel. Ana nos recibe en su elegante y cuidado local. Decoración minimalista y sin artificios que da a entender que la protagonista es la comida. Como no podía ser de otra manera, le damos carta blanca para que nos ofrezca probar lo que ella quiera. Creedme, fallar en Igueldo es imposible.

Peter, ¿desde pequeño ya querías ser actor?

Pues entre otras muchas cosas. La verdad es que quería ser Songoku, un personaje de cómic, para tener súperpoderes. También quería ser jugador de baloncesto de la NBA. Ya un poco más mayor, me empezó a interesar mucho la ciencia y me hubiera encantado ser narrador de documentales científicos de televisión. Este interés me llevó años después a matricularme en la Facultad de Física, pero la verdad, es que el tema no cuajó y solo hice un año. Después me enfoqué en la psicología y la interpretación y, durante la carrera, empecé a trabajar en la serie de televisión La Riera de TV3. Esto me ha retrasado en mis estudios, pero este año estoy intentado terminar lo que me queda para tener el título.

Ana nos ofrece un Viladellops, un tinto de las Masias del Garraf, para que empecemos a deleitarnos con el aperitivo: su galardonada chistorra crujiente con salsa de miel y mostaza. Simplemente espectacular, una auténtica delicia.

¿Y cómo entras en el mundo de la interpretación?

Cuando tenía quince años, un amigo del colegio hacía anuncios de televisión. A mí me fascinó aquel mundo y le dije a mi madre que quería probar. Me apuntaron a una agencia y, tras algún que otro trabajo, me escogieron para un papel secundario en una película de Eduard Corteza con Biel Durant. Y, cosas de la vida, les interesó muchísimo el que tuviera el inglés como lengua materna y eso me abrió muchas puertas. Creo que no hubiera sido actor de no haber hablado inglés perfectamente. 

Al cabo de tres años me seleccionaron para interpretar un papel en The Cheetah Girls 2, de Disney. Salgo con 18 años con unas greñas increíbles haciendo de guitarrista. Aprendí a tocar la guitarra para esa película y la verdad es que me enamoró.

De la misma forma que a nosotros nos enamora el siguiente plato que llega a la mesa. Las anchoas del cantábrico son ya una delicia por sí solas, pero si las rellenas de changurro alcanzan un nivel difícil de superar.

Casi siempre te dan papeles de gentleman, ¿no te preocupa que te encasillen?

Un poco sí, pero tampoco es del todo cierto. He interpretado otro tipo de personajes, pero, por desgracia, en películas que no han tenido demasiada repercusión. Ahora precisamente estoy en un proyecto, del que no te puedo contar nada, que no tiene nada que ver con los papeles habituales con los que se me asocia. ¡Ojo! No los desprecio para nada, pero sí que me gusta moverme del personaje por el que la mayoría de personas me conocen.

Si hablamos de gentleman, el autor inglés Arnold Bennett bien podría ser uno de ellos. Lo fuera o no, le debemos agradecer la siguiente creación que nos llega a la mesa: la tortilla de bacalo Arnold Bennett. Con bacalao de primera calidad y queso parmesano se derrite en la boca. El autor inglés la pedía cada día en el hotel Savoy de París y por eso la bautizaron con su nombre. No he tenido la oportunidad de probarla en ese magnífico hotel, pero en Igueldo la bordan, es un diez.

Hablemos un poco del Peter familiar. Tu madre es de Nueva Zelanda, ¿qué has aprendido de esa cultura?

Conoció a mi padre en Barcelona, durante un viaje que mi madre estaba realizando por distintos países de Europa. Creo que la mezcla de culturas y de idiomas que he vivido en casa me ha sido extremadamente enriquecedora. Del país de mi madre me gusta todo. La naturaleza, la gente, el amor a la tierra, la historia de sus pobladores indígenas… Mi familia me ha contagiado la pasión por viajar, por conocer nuevas gentes, nuevos lugares y nuevas costumbres.

Y de la tierra nos llegan unos pimientos de cristal con huevo y cansalda. Son, a mi modo de ver, los mejores pimientos que se pueden probar y acompañados del huevo y el tocino, están de vicio.

Un familiar tuyo de Nueva Zelanda estaba vinculado al cine, ¿no es así?

Sí, el hermano de mi madre, Murray Newey, que por desgracia ya murió. Era un productor neozelandés importante. Fue el director de la unidad neozelandesa de “Willow” de Georges Lucas. El mismo Georges Lucas le propuso que se trasladara a trabajar con él a Hollywood, pero su tierra tiraba más que la gran meca del cine. Me gustan las personas que anteponen su tierra y a los suyos por delante de otras prioridades. Fue una lástima que muriera cuando yo no me dedicaba a esto, nunca pude pedirle consejo o hacer algo con él.

¿Cómo ves el panorama actual con todas las nuevas plataformas de televisión?

Creo que es una buena oportunidad, se están generando muchos nuevos contenidos y dará oportunidades a muchos profesionales. Como siempre, se harán cosas buenas y otras que no lo serán tanto, pero en general lo veo positivo. Yo he tenido la suerte de participar en series de televisión de gran éxito y me encanta el formato. Soy un defensor del género y considero que la calidad de las series españolas ha subido de forma exponencial. Todo lo que sea producir nuevos productos y abrir oportunidades para los profesionales del sector me parece positivo.

Ana nos prometió algo del mar y qué más típico que unos chipirones en su tinta acompañados de arroz. Plato de toda la vida con un único secreto: ingredientes de calidad y mano experta en los fogones. Hay clásicos que no deberían desaparecer nunca.

¿Cuál es el papel que sueñas con realizar algún día?

Sinceramente, ninguno en especial. Me conformo con que me ofrezcan papeles distintos, muy variados y que pueda escoger. Esa es mi situación ideal, poder ir saltando de un género a otro, pasar de la comedia al drama y tener la oportunidad de interpretar muchos personajes distintos.

Y el sueño de todo amante de la cocina tradicional hace aparición en nuestra mesa. Paletilla de cabrito cocinada durante 12 horas y terminada a la brasa. Me faltan las palabras para describir esta delicia. Carne para la que te sobra el cuchillo, que se deshace en tu boca y con un sabor que te transporta a otro nivel. Una auténtica maravilla. 

¿Hay algún secreto para triunfar en tu profesión?

Sí, ¡ser muy pesado! Quererlo de verdad y currártelo mucho. Tienes que estar día tras día insistiendo, llamando a puertas, trabajando para ser bueno en eso que te gusta. Y, muy importante, entender qué significa tener éxito para ti. Algunos pueden pensar que el éxito solo se alcanza si te llaman de Hollywood y apareces en todas las revistas del mundo. Otros pensamos que el éxito es hacer aquello que te gusta, aunque sea en un ámbito más local, estando cerca de los tuyos y trabajando duro cada día para hacerlo mejor que el día anterior. Y, sobre todo, ser tú mismo y buena persona con la gente con la que trabajas y tener muy claras tus prioridades: si tienes que decir no a una serie que dicen que lo petará en Netflix, porque ya te habías comprometido a hacer una obra de teatro, dices no.

Para terminar. ¿Qué le dirías a la juventud que se quiere dedicar a la interpretación?

Que lo hagan solo si están convencidos de que aman esta profesión. Si lo hacen por la fama, mejor que lo olviden y se dediquen a otra cosa. Y que sepan que es un trabajo duro, que requiere de un gran esfuerzo diario y que no dependes de ti. Siempre estás a expensas de que suene un teléfono y, algunas veces, no suena por mucho que te esfuerces. Que tengan siempre un plan B.

Y para terminar también, Ana y su equipo nos deleitan con su versión del sorbete de limón, refrescante y digestivo, y su souffle líquido de queso fresco y sorbete de frambuesa. Una auténtica locura, no os lo perdáis por nada del mundo.

Hemos disfrutado de una comida fantástica acompañados de Peter Vives, un magnífico actor, pero por encima de todo, una persona cercana, sencilla y maravillosa. Y lo hemos hecho en uno de esos restaurantes que ha mantenido durante años un nivel de calidad difícil de superar. Pedid lo que queráis porque, como os decía al principio, fallar en Igueldo es imposible.