Entrevista a la escritora Yolanda Felice
La escritora ha publicado la obra «La arquitecta»
Yolanda Felice vuelve a demostrar su sensibilidad narrativa con La Arquitecta, una obra que invita al lector a adentrarse en un universo donde la construcción va mucho más allá de lo físico para convertirse en una poderosa metáfora sobre la vida, las decisiones y la capacidad humana de reinventarse. Con una prosa elegante y una mirada profundamente introspectiva, la autora firma una historia que conecta con quienes entienden que cada experiencia, cada pérdida y cada aprendizaje forman parte del diseño invisible que da forma a nuestra propia arquitectura interior.
Con motivo de esta reciente publicación, en VIP Style Magazine conversamos con Yolanda Felice sobre el proceso creativo detrás de la novela, las emociones que atraviesan sus páginas y la inspiración que la llevó a levantar este relato literario cargado de simbolismo, reflexión y belleza narrativa. Una charla íntima para descubrir a la autora detrás de una obra que promete dejar huella en sus lectores.
P. Yolanda, para quien aún no conoce La Arquitecta, si tuvieras que explicarla, ¿cómo la definirías en pocas palabras? ¿Qué tipo de viaje propones al lector desde la primera página?
R. La Arquitecta es una obra sobre la transformación y la construcción del pensamiento. Más que una historia cerrada, propongo un recorrido emocional e intelectual donde el lector entra en diálogo con distintas voces, preguntas y miradas sobre el futuro, la identidad y la condición humana. Desde la primera página, el viaje es más interior que narrativo: una invitación a detenerse, observar y repensar. El diálogo esta presente en todo momento.
P. La Arquitecta se construye como una constelación de voces. ¿En qué momento entendiste que esta historia debía alejarse de una narrativa lineal?
R. Muy pronto entendí que esta historia no podía sostenerse desde una sola voz ni desde una estructura lineal. El propio tema del libro —la construcción del futuro y de la conciencia colectiva— pedía fragmentación, multiplicidad y movimiento. Me interesaba que el lector sintiera que avanza por una especie de mapa vivo, donde cada pieza modifica la lectura de la anterior.
P. El formato de entrevistas atraviesa toda la obra. ¿Qué te interesa de este recurso como herramienta literaria?
R. La entrevista me interesa porque rompe la jerarquía clásica del relato. Permite escuchar al otro sin domesticarlo. Como recurso literario tiene algo muy poderoso: introduce verdad, contradicción y respiración humana. Además, convierte el libro en un espacio de conversación más que de afirmación.
P. El título remite a estructura y construcción. ¿Qué estás “arquitectando” realmente en este libro?
R. En realidad estoy arquitectando preguntas. Estoy construyendo un espacio donde distintas ideas puedan coexistir sin necesidad de imponerse unas sobre otras. También estoy arquitectando una mirada sobre el futuro más humana, más ética y menos dominada por el miedo o por la velocidad.
P. Planteas el futuro como un proceso más que como un destino. ¿Crees que hoy necesitamos replantear nuestra forma de imaginarlo?
R. Sí, completamente. Durante mucho tiempo imaginamos el futuro como algo lejano o casi tecnológico, cuando en realidad el futuro se construye todos los días desde pequeñas decisiones humanas, sociales y culturales. Creo que necesitamos volver a imaginarlo desde la responsabilidad y la sensibilidad, no solo desde el progreso técnico.
P. Hay una decisión consciente de alejarte de la ciencia ficción más clásica. ¿Qué buscabas al tomar ese camino?
R. Quería alejarme de los códigos clásicos de la ciencia ficción porque no me interesaba tanto inventar mundos imposibles como observar el nuestro con otra profundidad. Lo futurista en La Arquitecta no está en las máquinas ni en los efectos visuales, sino en las preguntas que ya estamos viviendo hoy.
P. Tus textos no buscan cerrar respuestas, sino abrir preguntas. ¿Qué lugar ocupa la duda en tu forma de escribir?
R. La duda ocupa un lugar central. Para mí escribir no consiste en demostrar nada, sino en explorar. Desconfío bastante de las obras que parecen tener respuestas definitivas. La duda abre espacios de pensamiento y también de humanidad; nos vuelve más permeables y más conscientes de nuestra complejidad.
P. En la obra no te posicionas como una voz autoritaria, sino como observadora. ¿Es una manera de cuestionar la autoría tradicional?
R. Sí, de alguna manera. Me interesaba desplazar la figura del autor como alguien que controla o explica todo. Prefiero situarme como observadora y mediadora de voces. Creo que hoy la literatura también puede ser un espacio horizontal, donde el conocimiento y la experiencia circulen de manera más compartida.
P. ¿Hasta qué punto hay algo de ti en estas voces fragmentadas?
R. Hay muchísimo de mí, aunque no de forma autobiográfica. Cada voz contiene una preocupación, una intuición o una pregunta que me atraviesa. Incluso las contradicciones del libro son profundamente personales. Creo que uno siempre escribe fragmentándose un poco.
P. En un contexto de consumo rápido, escribir un libro que exige pausa y reflexión casi parece un acto de resistencia. ¿Lo sientes así?
R. Sí, lo siento así. Vivimos en un tiempo donde todo parece exigir rapidez, consumo inmediato y respuestas simples. Escribir un libro que pide pausa, atención y reflexión es casi una forma de resistencia cultural. Pero también creo que sigue existiendo una necesidad profunda de detenerse y pensar.
P. ¿Cómo te ha transformado escribir La Arquitecta?
R. Me transformó en la manera de escuchar. Este libro me enseñó a convivir mejor con las preguntas y con las distintas formas de mirar el mundo. También me hizo entender que la escritura puede ser un espacio de encuentro real entre disciplinas, personas y sensibilidades muy diferentes.
P. Si La Arquitecta fuera un espacio, una atmósfera o incluso una sensación… ¿cómo la describirías?
R. La Arquitecta sería un espacio amplio y silencioso, lleno de puertas entreabiertas y luz entrando lentamente. Una atmósfera suspendida entre lo íntimo y lo colectivo. Más que un lugar cerrado, sería un edificio en construcción permanente, donde cada lector encuentra habitaciones distintas dentro de sí mismo.



